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EntrevistaMaturana revela su secretoHan pasado meses sin escuchar al técnico y odontólogo chocoano, pero sigue siendo la figura pública cuyos movimientos en el ámbito profesional siempre generan interés.
Por Érika Fernanda Álvarez Francisco Antonio Maturana García es, en esencia, un hombre admirable por su sencillez y coherencia. A sus 58 años es un filósofo que refleja su experiencia en la calma con la que expresa abiertamente lo que ha concebido como principios fundamentales para saber vivir. La prensa lo ha contemplado como un hombre reservado, de contenidos precisos que exaltan su equilibrio, característica que ha configurado gran parte de su perfil por todo el mundo. En realidad no tiene que hablar mucho, quienes lo conocen saben que de la profundidad de su mirada brota el alma de ‘Pacho’ para mostrarse como en el fútbol, poesía en movimiento. La capital chocoana es su cuna, Medellín, su madrastra, y el municipio de El Retiro lo ha acogido como uno de sus residentes preferidos. Allí, hace un año empezó la entrevista que dio origen a las siguientes líneas. Con un acento paisa en el que se advierten sus raíces afrodescendientes, ‘Pacho’ afirmó que no le faltaba sino la ruana, mientras conversábamos con la misma serenidad que impuso el frío de este montañoso paisaje donde decidió vivir desde hace tres años. Han pasado meses sin escucharlo, pero sigue siendo la figura pública cuyos movimientos en el ámbito profesional siempre generan interés. Aquí se consignan entonces, al final, algunas frases que han fluido vía correo electrónico. Éstas podrán ilustrar momentos significativos del tiempo que ha transcurrido desde que lo conocí personalmente aquella mañana, en la finca ubicada al oriente antioqueño.
Noviembre de 2006 ¿Le gusta estar solo? La soledad es un momento sublime de la libertad.
¿A que se está dedicando? A vivir. En alguna ocasión Jorge Valdano escribió que después del fútbol seguía la vida. Ahora estoy viviendo cosas que antes no, porque vivía en un país distinto, en un país que se llamaba fútbol. Y ahora caigo a un país que se llama Colombia. En ese aterrizaje me he encontrado, he podido conocer cosas del país que antes no conocía. No sólamente sitios, sino situaciones, cosas que no sabía de mí mismo, de mi entorno familiar, porque yo estaba en otro mundo. Empiezo a ver la importancia de la amistad como el legado más importante que puede tener uno en todas estas vivencias en el país fútbol; el dinero se te pierde o se va, los trofeos se oxidan, pero la amistad de esa persona que conociste hace tantos años y que sentís a través de un llamado o un correo, eso como que termina siendo la esencia principal. Estoy cuidando mis cosas, desempolvando libros, recuerdos, discos. Pertenezco al Comité de Estudios Técnicos y Desarrollo de Fifa, entonces sigo con el cordón umbilical aferrado a la matriz. Me estoy nutriendo más, queriendo como salirme de la parte activa del fútbol, ahora creo que estoy más aferrado a la parte sustancial, me estoy fortaleciendo profesionalmente, y me vienen las ganas de saber cuándo voy a encontrar el escenario para hacer eso. Pero entonces ahí viene el conflicto, porque ya uno está trajinado, ya tiene caprichos y ya uno sabe que no es sólamente llegar a un equipo… Es un entorno, es una sociedad deportiva, es una estructura la que nos consolida el éxito. Te volvés hasta difícil, pareciera que no encontraras nada para vos.
Esa es básicamente la vida mía, una vida más de tranquilidad, de reflexión, yo diría que sin nostalgias, simplemente pienso en un regreso, pero fortalecido, una versión mejorada por las vivencias personales y profesionales.
¿Últimamente le han hecho propuestas tentadoras? He tenido unas ofertas importantes pero que no me alcanzaron a llenar. No hay un compromiso y cuando las cosas salen mal, el presidente para que no lo toquen a él, hecha a ese técnico y trae otro. Entonces yo creo que la clave del éxito es que a un técnico lo seduzcan, venga un directivo y le diga: hombre, yo creo que usted es la persona que me puede desarrollar mi idea. Cuando el directivo da ese paso, después lo tendrá que acompañar en los malos momentos, en los descalabros ocasionales. Porque él es partícipe de ese sueño. Eso es lo que yo quiero, que no sea que me contrate porque los empresarios lo intoxicaron con mi nombre, sino que él sienta que es la persona indicada. Si él piensa eso, va a apostar por uno y va a aguantarlo. Porque el fútbol no es así de la noche a la mañana, el fútbol es un fenómeno que parte de la continuidad, es un proyecto. En Europa, los equipos que ganan campeonatos son los que tienen continuidad, los que tienen técnicos de dos, tres, cuatro años. Acá estamos como en una moda antigua que tuvo algún momento de efervescencia, pero que es una moda que patrocina la poca valentía de los directivos, los que no creen en los proyectos.
Usted quiere permanecer, ¿ninguna propuesta supera sus expectativas? Tengo la sensación que donde vaya, si encuentro el escenario hago ruido. Y yo quiero hacer ruido porque tengo amigos que con un poquito están triunfando mucho, están en la cima con algunas cositas que en su momento las compartimos. Entonces yo digo: si uno logra una velocidad donde pueda hacer esas cosas que ya uno sabe y las cositas que hacen falta, indudablemente va a ver un golpe de autoridad.
¿Y piensa en algún equipo o país en especial? No es cuestión de pensar sino de esperar quién llega. Alguien me dijo que yo estaba esperando la selección brasilera, que me había vuelto muy complicado con todas esas condiciones. No, no necesariamente tiene que ser una selección, sino un equipo donde uno pueda hacer el día a día. Cuando te llaman de tal parte, te metés a Internet y empezás a ver cuál es la historia de ese equipo en los últimos dos años, qué jugadores tiene, cuáles tuvo, qué hacían los que tenía antes, que hacen los que tienen ahora, cuántos técnicos ha tenido, entonces ya decís si es seria o no [la propuesta]. ¿Para qué vas a ir, para estrellarte, para ganarte un dinero? No es mi intensión fracasar, yo voy con la intensión de triunfar y para eso uno tiene que mirar todos esos detallitos. Antes le sacaban un espejo y uno no miraba, salía disparado para allá, sacaba la maleta y se iba, ya yo pasé por esa época.
¿Si pudiera elegir, cuál es el equipo con el que sueña? Sueño con un equipo con una filosofía, que se identifique con la manera de sentir el fútbol mío. No es cuestión de que yo voy a coger un equipo para quedar de octavo, no, yo quiero un equipo que tenga posibilidad de luchar y de marcar época. De vez en cuando es bueno hacer ruido.
¿Considera que ha sido ruidoso? Yo he hecho ruidos. Ahora estoy también haciendo conferencias para empresas en el tema de liderazgo, trabajo en equipo, amistad, desarrollo humano. Porque ya esas empresas han cambiado el modelo del conferencista de corbata y usan una persona que tenga que contar, y nosotros hicimos algo que hizo ruido. Cuando arrancamos en el fútbol colombiano, teníamos un referente, que era un 4 – 4 de Colombia contra Rusia en el año 62. Entonces aparecen hechos puntuales: primero fue una Copa Libertadores, ahí está en la historia. Después de 28 años fuimos al mundial del 90 e hicimos ruido. Fuimos un equipo simpático, exótico, que jugaba un fútbol atrevido, y los únicos que le sacamos un punto a Alemania. En el año 93 clasificamos de nuevo al mundial en Argentina en un partido con mucha autoridad. Después vino otro hecho que es la Copa América, el logro más importante que ha tenido el fútbol colombiano. Entonces, en esos ruidos estuve yo, ahí.
¿Le interesaba mucho que los jugadores tuvieran un comportamiento correcto? La transformación fuimos nosotros, todos. Es importante saber de dónde parte uno. En esa época de oscuridad futbolística, Colombia tenía buenos jugadores porque siempre ha sido así. Pero éramos un desastre en la parte personal. Entonces aceptamos eso: hermano, nosotros somos un desastre porque andamos en sitios non sanctus, porque tomamos hasta tales horas, porque hacemos tantas cosas, porque somos escandalosos, porque no nos entrenamos, porque no somos profesionales, por eso. Reconocemos que ese no es el camino del éxito, entonces vamos a mejorar cada uno de nosotros como persona, nos comprometemos con eso. Empezar a buscar exquisitez en tus cosas sin renunciar a nada. El jugador empezó a frecuentar otras cosas, empezó a tener un buen carro, una buena mujer, ir a sitios importantes y entrenar, entrenar, entrenar. Después vinieron otros componentes como la solidaridad, la amistad, lograr que ese equipo se convirtiera como su nombre lo indica, como un verdadero equipo donde hubiese una lucha sana por ser yo. Esa fue la clave del éxito de ese momento de felicidad que tuvo el fútbol colombiano, que muchos dicen que es una generación espontánea, ¡no!, ¡fue una generación que encontró una razón para hacer las cosas!, que quiso ser mejor.
¿En algunos momentos se ha sentido como un perdedor? Cuando uno oye que por ahí alguien habla de perdedor, uno dice: ¡Ay, Dios mío bendito!, no saben quién es uno, ¡yo nací sin nada! Y he ido a tantas cosas. Yo acabé como seis pasaportes, soy profesional. He escrito libros, tengo unos hijos maravillosos, prestigio, respeto. Soy campeón de América a nivel de club, soy campeón de América a nivel de selección; soy campeón de Centro América a nivel de Costa Rica; soy campeón de Asia; soy campeón de Arabia; dirigí en Europa, en Argentina, ¿quién de Colombia ha hecho eso? Por el contrario, siento que he sido una persona que he triunfado.
¿Pensó que llegaría a marcar tanto la historia de Colombia a través del fútbol? No, yo soñaba como cualquier niño. Me crié en Quibdó pero después vinimos a vivir a Medellín, a La Floresta, y este es un barrio futbolero por donde se mire. Entonces yo veía salir a Oscar López con el maletín y ya quería agarrar el maletín como lo agarraba él. Empecé a encontrar ídolos. Sabía a que horas entraba ‘Turrón’ Álvarez, entonces me iba cerquita para ver como caminaba. Era feliz viendo a ‘Mayita’ que iba a la Universidad y, además, jugaba fútbol. Yo veía la elegancia de ‘Cunda Valencia’, de Mario Agudelo… Se me salían las babas viéndolo jugar. Me crié en un barrio futbolero y yo ni siquiera me lo propuse. Mi familia quería que yo estudiara y lo hacía. Pero el fútbol me había elegido a mí. Empecé y cuando me di cuenta estaba metido, ocupando mis ratos libres en las inferiores de Nacional. Pasé por la selección Antioquia, después por la selección Colombia y al final terminé siendo un jugador bueno, pero mi objetivo seguía siendo ser odontólogo. Cuando me gradué me metí en el fútbol profesional y hacía las dos cosas. Luego me cansé y me dediqué a la buena vida. Cuando apareció alguien y empezó a meterme el cuento, pero ya no como jugador, sino como entrenador. Al final las cosas se fueron dando porque yo creo que todos tenemos un destino en la vida.
¿Qué episodio lo ha marcado tanto como para determinar su rumbo? El momento más importante de mi vida, desde el punto de vista de mis rumbos, fue una noche que salí del consultorio y me encontré con Nelson Gallego y con unos muchachos en la 70. Entonces, de común acuerdo, decidimos que me fuera de entrenador. Así fue como arranqué para Manizales. Eso me cambió la vida. Dejé la docencia, que me fascinaba, por una aventura futbolística.
¿Cuál fue el momento más difícil? Uno de ellos fue cuando me echaron de la selección Colombia, luego de jugar con Argentina. Estábamos en Turipaná, a una hora de Barranquilla. Todo el mundo arrancó, se fueron en avión, y cuando yo salí no me habían mandado ni siquiera un carro para irme. Me paré en la calle a echar dedo y pasó una gente que venía de Santa Marta o Cartagena, me recogieron y me llevaron al aeropuerto. Esa fue mi salida de la Selección. Después de haberme ido a traer desde Arabia ni siquiera me dijeron adiós. Eso es un momento muy complicado, de pronto uno hasta llora por dentro, porque a esta edad le cuesta llorar por fuera, pero sí me sentí hundido, hundido…
¿Qué secreto le ha revelado la experiencia? Yo siempre he pensado que le he dado un valor especial a la amistad., marca todo: mi decisión de ser odontólogo, entrenador, futbolista, todo, todo lo marca la amistad. Y ahora cuando ya estoy lejos del ruido, lejos de tanta fanfarria, de tantas banalidades, lo único real es el saludo de un amigo que hace rato no veo. Porque hay un escenario y yo creo que es tal vez el único donde cerca y lejos es lo mismo, donde ayer y hoy es lo mismo, es el escenario de la amistad. Usted siempre ha resaltado a Medellín como la ciudad donde le gustaría permanecer mucho tiempo… Me encanta Medellín, pero tiene un segundo piso que es El Retiro. Hoy por hoy me siento muy cómodo por acá en el oriente porque hay aires sin usar, como dicen por ahí, no hay prisas. Y al principio la gente es las esquinas todos miraban y que un autógrafo, que una foto con el celular, ahora yo paso, camino y levantan el brazo simplemente: hola Pacho. O sea que ya soy como del barrio, no falta sino ponerme una ruana.
¿De qué carece el afro y qué lo exalta? Yo estuve en África, en Nigeria, ¡y vi tantas cosas! Quedé asombrado de las dificultades, de la miseria. Y sigo mirando más adelante y veo la inventiva. Traslado la mirada acá en Colombia. La gente invade la montaña y son los barrios marginales que se van comiendo la montaña. Estos tipos allá en Nigeria se comen el mar, en el mar están las casas, tienen calles para transportarse con canoa. Se comieron el mar para vivir. Un domingo en Nigeria hacé de cuenta que estás en el Chocó, o en Buenaventura, las mujeres grandes, con sus culotes, sus pañoletas, el vestido floreado, el grito. Conversás con ellos y ves una mirada tan clara, tan transparente, y vos sabés que esa gente no te miente. Entonces yo creo que los negros son transparentes, no pueden mentir porque los ojos dicen todo lo que son…
¿Quisiera que quedara consignada una apreciación sobre sus padres? Mi mamá es un ser muy especial, es tan difícil de definir porque es tanto: es doña Hilda, es matrona, enfermera, maestra, partera, dirigente deportivo, doctora, consejera del barrio. Mi mamá persigue un ladrón, sale a caminar. Tiene 86 años y pregunta viendo televisión: ¿cómo se llama el número 8 ese que está allá?, habla de fútbol. Yo creo que mi mamá es una cajita de felicidad y con ungüentos para todos los males. Mi papá es reflexión, tranquilidad, es compostura, equilibrio, habla pasito, es otra cosa, es el signo del respeto.
¿cómo define el fútbol? El fútbol es una manera de vivir.
¿Y cómo se define dentro del fútbol? Un tipo que vive muy emparentado con el respeto y la estética... Desde entonces, Maturana ha seguido asumiendo retos como dictar conferencias a nivel internacional, mantenerse activo dentro de la Fifa y el más controvertido para la prensa: la dirección del equipo argentino Gimnasia y Esgrima de La Plata.
¿Por qué aceptó este compromiso con Gimnasia y Esgrima ? Me pareció un desafío atractivo con un equipo que en 126 años no ha conseguido un título... Da lugar a ilusionarse con el éxito. Se hizo lo mejor y no alcanzó, como no le ha alcanzado a nadie en la historia de ese club. Para fracasar en el fútbol Argentino, primero hay que ir ahí.
¿Qué espera para el 2008? Yo no soy de esperar mucho. Vivo mi vida de acuerdo con mis principios. Trato de ser mejor día a día y nada más. No soy de planes, siento que la vida y Dios tienen planes para cada uno de nosotros.
¿Cómo ve a la Selección Colombia, al DIM y Nacional? A la Selección la veo muy bien, se ha recuperado la ilusión y la fe. Ha mejorado el entorno. Hay un técnico que conoce plenamente al fútbol y a los jugadores. El camino es largo pero van muy bien. Nacional, esperemos que ratifique lo que hasta ahora ha hecho, que lo convierte en el mejor equipo del país. Pero esto es fútbol y hay que demostrarlo partido a partido. El torneo es muy difícil y estamos expectantes a ver que pasa. El DIM ha tenido un mal año. Esperemos que se haga el análisis del caso y se trabaje para armar un buen equipo de acuerdo a los mandatos de su historia. Ha transcurrido un año desde la primera vez que conversamos, ¿está arrepentido de alguna decisión que haya tomado? No soy de arrepentimientos. Todo fue importante en la construcción de mi historia personal. Cada cosa que viví tiene su valor y seguramente se ha convertido en equipaje para el futuro.
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