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EspecialLo público es posibleCon el Hospital Piloto de Jamundí queda demostrado que las instituciones oficiales sí pueden ser viables, cuando se administran con eficiencia y pulcritud.
La respuesta no es fácil, pero los espejos son elocuentes cuando las calles de la ciudad están plagadas de huecos y basuras; los centros educativos padecen el abandono, con, baterías sanitarias sucias, jardines convertidos en malezas; construcciones de mala calidad y, a la sazón, funcionarios apáticos, con una actitud desacomedida y, muy a menudo, preocupados sólo por sus salarios. En este lamentable escenario se han formado la mayoría de colombianos. Por eso resulta familiar este ‘programa mental’ del deterioro de lo público, que ya ni siquiera se cuestiona y hasta parece normal. Para concebir la idea de que lo público es posible, se deben romper paradigmas que atan las mentes a ese triste historial al que los colombianos se han adaptado de forma parsimoniosa. Y la primera tarea que se debe hacer es ‘desaprender’, que los empleados públicos apuesten a fomentar ambientes sanos, bonitos, creativos; a construir trabajo en equipo y a fomentar una actitud positiva. Así, renace la esperanza. Para que lo público sea posible, se precisa cambiar el programa mental del servidor público, creando nuevas realidades iguales o superiores a lo que hace el sector privado, de tal suerte que sientan extrañeza ante la mediocridad y el abandono, momento en el cual habrá subido la autoestima, fluye la creatividad y entonces, verdaderamente, habremos dado inicio al cambio de paradigmas. Y los ejemplos de que sí se puede saltan a la vista: Empresas Públicas de Medellín, Hospital Psiquiátrico de Cali, Hospital de Santa Rosa de Cabal y Pablo Sexto de Bosa, para nombrar algunas instituciones del Estado con altos niveles de eficiencia. Entonces, ¿dónde radica la gran importancia de que lo público sea posible? Lo público es un patrimonio de todos, que está obligado a generarnos el máximo bienestar, de manera completamente altruista y en todo momento. Es democracia.
Certificación ISO 9000: 2001 Icontec para el Hospital de Jamundí El Hospital Piloto de Jamundí es un ejemplo de que lo público es posible. La certificación ISO 9.000 2001 del Icontec consuma la coherencia y consistencia de la política de hacer las cosas bien, y evidencia que esto es perfectamente viable en lo público. La implantación de un Sistema de Gestión de la Calidad, implica un diametral cambio en el pensamiento y comportamiento empresarial de las organizaciones, máxime la salud que está enmarcada en la rígida normatividad de la Ley 100. Para el ciudadano del común significa que este hospital presta servicios con estándares de calidad y seguridad internacionales, misión que se logra a través de tener una vigilancia y seguimiento permanente de su diario quehacer, asegurando que todos los actos se hagan conforme a un protocolo previamente concertado y establecido, donde se minimiza el riesgo de fallas. Para lograrlo, es necesario adecuar la infraestructura y tecnología a una lógica preventiva, pensada exclusivamente en satisfacer de la manera más cómoda y segura posible las necesidades del cliente. Intencionalmente hemos sustituido la nominación de usuario a cliente, con el objeto que en la mente de cada uno de nuestros colaboradores esta expresión les abra un programa con el tradicional aforismo que ‘el cliente siempre tiene la razón’. Finalmente, en Jamundí pueden decir con orgullo que la certificación sella el pacto de compromiso del Hospital con el moderno tema de la Responsabilidad Social Empresarial.
Tunjuelito, redescubriendo el orgullo afroLa raza negra nos ha regalado gran parte de su legado cultural. Es un deber luchar porque esta herencia tenga espacio y solidifique sus bases, no sólo por su valor, sino como una muestra de evolución de los valores sociales.
Las tierras donde hoy se asienta la Localidad Sexta de Tunjuelito, siglos atrás fueron el hogar de la familia indígena Muisca, magníficos orfebres creadores del Tunjo, una figura en oro que actualmente es el Símbolo Institucional de la Alcaldía Local. Pero Tunjuelito no sólo alberga historia indígena. En el presente sus calles son la pasarela de otro tipo de raza: la negra. Y es que en esta localidad, junto con Ciudad Bolívar, Bosa, Suba y Kennedy, se encuentran las mayores concentraciones de afrodescendientes, gente alegre, optimista, con gran simpatía y riqueza cultural.
Histórico, plural y sin indiferencia Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas, Dane, de los cuarenta millones de colombianos, nueve son afrodescendientes. La expansión de esta hermosa raza se lleva a cabo en una sociedad permeada en algunos sectores por el racismo, generándose conflictos de convivencia y dificultades en el desarrollo y fortalecimiento de la identidad cultural de los afrodescendientes, y la indiferencia es la barrera a todo tipo de solución. La Alcaldía Local de Tunjuelito está avanzando fuerte para romper con ese lastre y promover el fortalecimiento de la identidad cultural de la raza negra, pues es fuerte su influencia e invaluables sus aportes.
Este año organizó un Pacto por la Convivencia, a raíz de las discriminaciones y problemáticas protagonizadas por los afros, dueños de establecimientos de comercio, y los ‘blancos’ de la localidad, que vinculó a las autoridades policiales. Así se contribuyó a la igualdad de derechos y al respeto por la raza, en un llamado a la acción, a la tolerancia, en un ejercicio por la reconciliación racial y perderle el miedo a la diferencia. Alegría, rumba y deliciosa comida son aspectos que caracterizan a los afrodescendientes. La cuna del Tunjo fue también cuna del Primer Afrofestival, en donde 5.000 personas se involucraron al son de chirimías, salsa y otros ritmos propios de su raza, en una actividad para el fomento de su esencia y cultura. Otra de las acciones de la Administración local fue la celebración de las Fiestas Franciscanas en Tunjuelito. Una tradición religiosa que durante décadas exalta la fe y las creencias en Quibdo, Chocó. La Asociación Nacional de Estudiantes Afrocolombianos, Asnea, se vinculó enteramente en su organización para que todo estuviera enmarcado con los aires del Pacífico. Danzas folclóricas y hasta refrigerios típicos de la región, como jugo de borojó y empanadas de pescadito, fueron ingredientes adicionales del evento.
Contra la exclusión La discriminación, los prejuicios y las malas condiciones económicas hacen sentir disminuidas en su importancia o valor humano a los afrodescendientes. Ante este panorama, desplazados y reinsertados han encontrado en Tunjuelito un espacio y fuentes de empleo que mejoren sus ingresos económicos. La raza negra le ha dado a Tunjuelito y al país gran parte de su legado cultural, y es un deber luchar porque esta herencia tenga su espacio y solidifique sus bases, no sólo por su valor, sino como una muestra de evolución de los valores de la sociedad y su capacidad para compartir las diferencias. Las Instituciones del Gobierno en sus diferentes niveles debemos articular acciones para lograrlo.
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