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Internacional

 

Ante la mirada del planeta

La carrera política de la actual Secretaria de Estado de EE.UU está llena de superación, dignidad, esmero intelectual y profesional.

 

Por David Rosales

Si una mujer es la segunda en ocupar un alto cargo gubernamental en Estados Unidos, una de las potencias políticas, económicas y militares de la historia, ha cumplido una hazaña.

Si ella es la primera afroamericana, ese logro adquiere una proporción aun más trascendental, pues no sólo ha vencido las barreras del género, sino de la segregación racial.

Pero ese triunfo se convierte en una gran marca histórica cuando, además de ser pionera en su labor a pesar de los prejuicios raciales, llega a tan elevada posición en un momento decisivo como el que vive la nación norteamericana después de los atentados terroristas del 11 de septiembre.

Condolezza Rice, actual secretaria de Estado de su país, es quien ha trazado esa marca y derrumbado todos los prejuicios. Hoy cumple una tarea ante la mirada del planeta, en uno de los instantes más complejos de la política mundial.

Hija única de un reverendo de la iglesia presbiteriana, nació en 1954, en Birgminghan, Alabama, uno de los sectores de Estados Unidos que más han servido de escenario a la literatura y las películas sobre los enfrentamientos entre blancos y negros.

Su nombre, Condolezza, surgió de Con dolcezza un término musical italiano, que significa ‘con dulzura’.

Desde su más temprana infancia su padre la instruyó para que enfrentara la discriminación con dignidad, sin permitir que los maltratos y las humillaciones determinaran por sí solos la conciencia de sí misma.

Por muy hostil que pudiera ser el medio, su inteligencia y buena educación serían la mejor forma de salir adelante. Recuerda anécdotas de exclusiones y descortesías por parte de personas blancas. Sin embargo, también evoca con gran felicidad sus días de estudiante. No permite que el resentimiento y el orgullo, producto de las injusticias, amarguen su memoria.

La preparación de Condelezza Rice se convertiría en un aspecto fundamental e innegable de su vida para luchar por el futuro. Ostenta un currículo asombroso en ciencias políticas, certificado en universidades como la de St. Mary, Denver y Notre Dame. Ha enseñado en las universidades de Stanford y Berkeley, y ha recibido reconocimientos en las de Boston, Alabama, Michigan y Mississippi, entre otras.

Por si la decena de diplomas en su campo fuera poco, es una lectora ávida de lectura universal y una pianista de altísima destreza. Se dice que pudo ser una gran virtuosa de ese instrumento. Aunque se ha presentado en conciertos y funciones especiales, ella estima con modestia que es “buena, pero no grandiosa” como para haberse dedicado consagrado a la música.

El liderazgo de Condolezza Rice es reconocido en todos los rincones del orbe.

Habla con fluencia ruso, francés, alemán y español, integró grupos de estudio, desde la academia y el gobierno, sobre la cultura, la historia e ideología soviéticas durante la guerra fría y escribió varios textos sobre diferentes periodos y conflictos del gran Estado comunista.

Este conocimiento del socialismo ruso, la ayudaría a ocupar cargos durante la administración de George Bush, padre, como consejera y administradora del departamento de asuntos soviéticos y asiáticos. También se le atribuye un papel clave en la programación estadounidenses para la reunificación alemana.

Si bien su vida profesional transcurrió en Chevron y otras multinacionales dedicadas a las tecnologías digitales, los medios de comunicación y fundaciones artísticas, su experiencia política ha estado siempre asociada a la política internacional.

Por su brillante labor durante el final de la Guerra Fría, en la que impresionó al primer presidente de la familia Bush con sus conocimientos del mundo comunista y de política internacional, el actual primer mandatario de Estados Unidos jamás la perdió de vista.

Después de servir como auxiliar legal a empresas e inversionistas rusos, luego del desmantelamiento del telón de acero, y de continuar con sus cátedras universitarias, a finales de 2000 se le ofreció el cargo de Consejera Nacional de Seguridad. Fue la primera mujer, en la historia norteamericana, en ser asignada para esa labor.

No todo serían las glorías de ser la primera en una tarea tan fundamental como la que ocupaba.

Desde 2001, los atentados contra el World Trade Center trastornaron por completo el panorama político y las relaciones internacionales de Estados Unidos.

Desde su asignación en la Consejería Nacional de Defensa hasta la actualidad, viviría de cerca los nuevos desafíos de la historia norteamericana: la persecución de Osama Bin Laden, las guerras contra Afganistán y posteriormente la ocupación militar de Irak. Además de atentados en diferentes puntos de Europa y Asia, así como la resistencia iraquí.

En 2005, tras la renuncia de Colin Powell, Condoleezza Rice es la candidata principal a ocupar la secretaría de Estado. En 2005 asume el cargo, tras ganar la votación en el senado por 85 votos a favor y trece en contra. Es la segunda mujer, luego de Madelline Albraight, en ser señalada al cumplimiento de funciones en dicha posición.

Desde ese entonces, su agenda internacional ha incluido otros conflictos que nublan el horizonte de su nación: la crisis de los misiles con Corea del Norte, los constantes roces diplomáticos con Venezuela, las tentativas nucleares de Irán y la mediación en los conflictos energéticos entre Rusia y Ucrania.

Éxito
A finales de 2000 se le ofreció el cargo de Consejera Nacional de Seguridad. La Secretaria de Estados del país más poderoso del mundo ha sobrepasado todas las imposibilidades, como mujer y afroamericana.

En un país que se divide al opinar sobre la forma como su gobierno afronta las amenazas y los problemas mundiales, las virtudes políticas de Condoleezza Rice son un tema de discusión frecuente.

Así como un sector liberal la descalifica rotundamente, otra parte importante de la población la propuso como candidata presidencial. Aunque ella asegura que no tiene intención de nominarse para la carrera presidencial, la iniciativa de quienes respaldan su carrera política no cesa.

La revista Forbes la declaró la segunda mujer más poderosa del planeta, después de Angela Merkel, la primera cancillera alemana. Sin embargo, por el momento prefirió privar a Estados Unidos de una de las competencias más asombrosas por la soberanía: Condoleezza Rice Vs. Hillary Clinton.

Cuestionada o elogiada, criticada o admirada, la actual Secretaría de Estados del país más poderoso del mundo ha sobrepasado todas las imposibilidades, como mujer y afroamericana.

Al margen de la ideología y del difícil momento histórico del planeta, su carrera reúne todos los ejemplos de superación, dignidad, esmero intelectual y profesional. El futuro, sin embargo, tendrá la última palabra.

 

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