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Letras

 

William Mina asumió el gran reto de la remembranza

“Si alguien lee un libro mío y se siente identificado, lo considero un hermano, un buscador de la vida divina… He aquí nuestra verdadera fraternidad”.

La vida de William Mina Aragón habría podido convertirse en otra historia de frustraciones, de deseos inalcanzables y sueños imposibles, si en su destino no hubiera intervenido a su favor eso que el describe como la sabiduría ancestral de los orishas o divinidades, que posibilitaron la coincidencia de factores que, si bien hicieron difícil su existencia, también encausaron su vocación.

Es que no era fácil para el menor de siete hermanos quedar huérfano a los cinco años, ni abrirse paso en un escenario de limitaciones e imposiciones sociales y familiares que lo empujaban hacia cometidos que él no quería emprender.

Durante sus estudios de secundaria, que cursó en Villarrica y Padilla, Cauca, soñaba construir edificaciones futuristas, quería convertirse en un arquitecto de renombre, pero terminó estudiando filosofía en la Universidad del Valle, en donde debió confrontar sus objetivos de estudio con su atracción por el fútbol profesional. Sólo una lesión de ligamentos, que asumió como una señal, dirimió sus dudas en favor de la academia.

Entendió que lo suyo era el estudio. –En la Universidad adquirí plena conciencia de que lo mío era el pensamiento, la reflexión, el ensayo, la actividad filosófica–. Pero los atisbos de su pasión por las letras habían aparecido años antes, cuando uno de sus profesores de bachillerato –Hugo Idrobo, tal vez–, lo eligió para leer en público una composición poética el Día del Idioma.

Desde entonces no ha cesado de leer y de escribir. Inicialmente se apasionó por los temas políticos, sociales y económicos, especialmente aquellos que recogían el pensamiento de izquierda, pues eran los que leían sus hermanos.

Llegó a la universidad convencido de que la mejor manera de cambiar la sociedad, para él injusta, era a través de un proyecto marxista, revolucionario, tomándose el poder a través de movimientos insurgentes. En 1988, luego de conocer al filósofo y escritor Estanislao Zuleta, entendió que su opción no era el camino de la lucha armada, sino la sensibilidad, el despertar de la conciencia, la revolución intelectual.

–Sólo a través de la transformación de esa conciencia en el interior de las personas, formamos un nuevo individuo. Antes que transformar las instituciones sociales, lo prioritario es contribuir a nuestro cambio interno, transformar nuestra conducta, empezar el cambio por nuestro propio yo– dice.

 

La utopía

William Mina se define como una persona amplia, enemigo de las injusticias, excesivamente romántico y utópico, que aspira a vivir en una sociedad en ‘paz’, donde las condiciones y posibilidades sean efectivas para disfrutar de todos los bienes que el hombre produce, sin hambre ni guerras, bajo los criterios de equidad y de justicia. En este sentido, recuerda a Platón, el Iniciado Ateniense, cuando definía que el ideal de la sociedad era aquel en el que la justicia, la belleza y la verdad coincidirían, serían uno.

Una fotografía que vale oro. William junto a su referente en las letras, el escritor Manuel Zapata Olivella.

Como analista, como escritor, Mina Aragón intenta articular las especificidades de una cultura con aquello que está presente en otras. –Es como articular la civilización de oriente con la africana; esta con la europea y con la amerindia–.

El estudio de muchos autores le ha enseñado que cada una aporta a esa amalgama, al acervo de los imaginarios colectivos de la creatividad humana, desde que el hombre se hizo hombre en África. En su experiencia evolutiva terrestre, aunque nuestro verdadero origen sea cósmico. Parte de ello es lo que trata de desentrañar en su libro El pensamiento afro: más allá de oriente y occidente, un ensayo interdisciplinario del legado de sus ancestros a la civilización humana.

–Fue en África donde se constituyó el Homo Sapiens como un individuo pensante, que se va a diferenciar de la naturaleza y la va a interrogar. Ahí está el irrumpir de la filosofía, del pensamiento. Esa idea del Asombro estaba presente en África, pues la socialización de la psique y la hominización del antropo acaecieron allí. En tanto, la sociedad occidental se preguntaba por la autonomía, la libertad, las instituciones, la ley y la idea de propiedad, al tiempo que hicieron la revolución tecnico-científica. En oriente, entre tanto, inventaron la rueda, la filosofía tahoísta y los amerindios aportaron su visión mágica de la naturaleza. El genio de la Lao Tse y Confucio nada tienen que envidiarles a Pitágoras y a Sócrates. Kant es tan brillante como Aurobindo. Emerson y Luther King y Dubois son hermanos en la invención humana, mas allá de las fronteras terrestres y académicas–.

Eso es lo que pretende articular Mina Aragón, cuando analiza autores occidentales como Edgar Morín, o aborda la complejidad del pensamiento social de Cornelius Castoriadis.

Pero, por quien más ha expresado devoción este filósofo y escritor caucano, PhD en Sociología y Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid, es por Manuel Zapata Olivella, esa cumbre literaria y antropológica colombiana, en cuya obra Mina Aragón encuentra una reflexión filosófica que los grandes textos de la literatura han olvidado.

–En los grandes clásicos de occidente, el quehacer literario nunca va desarticulado de una reflexión filosófica. La literatura interroga a la filosofía sobre la existencia. Lo fundamental es la pregunta por el hombre, sus angustias y problemas. Hay una articulación entre el destino del hombre, como la pregunta fundamental filosófica: ¿de dónde viene?, ¿qué hace aquí?, ¿qué organizaciones puede constituir? y la reflexión política y social: la emergencia, la pregunta por el tiempo, por el Estado, por las instituciones deseables, Filosofía y Política están articuladas–.

Más allá de lo afro, del mestizaje, Mina Aragón encuentra estas respuestas en la literatura de Zapata Olivella, a quien descubrió por casualidad, en 1998, cuando leyó Levántate Mulato. Quedó encantado, entonces siguió escarbando en la obra del escritor, médico y antropólogo loricano, sobre quien escribió un libro en 2006.

–Vi que en mi formación faltaba el componente de la cultura africana, con sus aportes, con su imaginario, con su arte, con su filosofía, con su aporte a la humanidad, a todo lo que constituye también la nacionalidad colombiana. Eso me lo dio Manuel Zapata Olivella–.

A pesar de la preeminencia afro expresada en la obra de Zapata Olivella, William Mina defiende su universalidad. Por eso no quiere que el legado del autor de Chancó, el gran putas, ocurra lo mismo que con las obras de otros grandes pensadores afrocolombianos, como Rogelio Velásquez, Helcías Martán y Candelario Obeso, entre otros.

–Como afro, intento valorar la obra de un autor que fue multifacético, que cultivó muchos géneros y trajo un mensaje ecológico, de equidad y fraternidad para la humanidad, desde una óptica africana: La filosofía Muntú. Podemos “salvar la humanidad”, si tenemos en cuenta el legado mítico, mágico y filosófico de las culturas africana y amerindia, ante la rapacidad tecnocrática del hombre occidental–.

Por eso se ha dado a la tarea de recuperar este valioso legado de Zapata Olivella, coordinando un comité internacional para este propósito, que reúne a académicos colombianos y estadounidenses, como Rafael Pereachalá, Jaime Arocha, Lorenzo Prescott, Johnattan Titler, quien tradujo Changó al inglés; Cristina Cabral, la poetiza uruguaya radicada en Estados Unidos; y William Louis, de la Universidad de Vandervilt, entre otros.

–Una vez escogidos los textos inéditos de Manuel Zapata, unos quince, más los publicados en vida, el comité tiene como objetivo hacer una selección de obras completas. Cada uno tiene la tarea de prologar una de ellas–.

El gran reto –advierte Mina– es despertar la conciencia de los afros, la identidad, la vuelta a la memoria, al pasado creador africano como hombres libres de imaginación, como homenaje al pensamiento de Zapata Olivella, quien aseguraba que su obra estaba dirigida a los jóvenes, para los analfabetos; que iba más allá de lo comercial, no para las multitudes, sino para las minorías y humildes marginados del planeta.

William Mina se declara admirador del psicoanalista, economista y filósofo Cornelius Castoriadis. El impacto que tuvo al leer Los dominios del hombre, uno de los grandes trabajos del autor turco, de ascendencia griega, lo llevó a buscar incansablemente una cita con el intelectual, a quien entrevistó, antes de su muerte en 1997, en la Escuela de Altos Estudios, en París. Allí mismo entrevistó a Édgar Morín, el creador del Pensamiento Complejo.

Entre los colombianos destaca a su maestro Estanislao Zuleta, William Ospina, Fernando Maclanin, Héctor León Mina, Miguel Sandoval Holgado y Fabio Giraldo, este último, a su juicio, el más poderoso ensayista del país, a quien el lee con devoción, lo mismo que a otros autores no convencionales, especialmente los de ascendencia oriental, por su marcado interés en el yoga, y la teosofía: Paul Brunton, Yogananda, Alice Bayle, Trigueirihño...

Soltero, con deseos de casarse con su propia alma, renuente a tener hijos, cree como sus ancestros africanos en la reencarnación. Es vegetariano convencido y lo espantan las fiestas y celebraciones. –Desde el silencio de mi habitación y desde la escritura intento despertar la conciencia y el corazón humano, nuestra esencia interior divina. Si alguien lee mis escritos y se identifica con ellos, lo considero un buscador de la vida divina, he aquí nuestra verdadera fraternidad –, argumenta Mina Aragón.

Es un convencido de que el gran reto de los afros es la remembranza histórica de su pasado. –Sus transformaciones no serán posible sin la academia, así lo hicieron los norteamericanos y así lo debemos hacer los afrocolombianos. A los otros grupos étnicos debe quedarles claro que no somos resentidos ni racistas, sino que nuestro legado va más allá de lo deportivo, religioso y musical–.

 

 

Sus obras

Historia, política y sociedad (1997)
Poesía y filosofía política,
Ensayo sobre Octavio Paz, (1999)
El pensamiento afro: más allá de oriente y occidente (2003)

También ha publicado numerosos artículos en revistas nacionales e internacionales, en los que aborda con profundidad el pensamiento de Edgar Morín y Cornelius Castoriadis. También ha entrevistado a pensadores como Alain Touraine y Fernando Savater.

Ha sido docente del las universidades del Valle, Libre y del Pacífico. Se desempeña como profesor de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad del Cauca.

 

 

 

 

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