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Trazos de una arquitecta que se desvela por el desarrollo

A lo largo de su experiencia vital, Viviana Obando sólo ha trabajado por una causa: el bienestar de la gente del Pacífico. En Buenaventura, muchos esperan que se convierta en la primera mujer en regir los destinos de la ciudad-puerto.

Ante la crisis social y económica que padece Buenaventura, agudizada por la sucesión de gobiernos locales ineficientes y corruptos, no pocos dirigentes, empresarios y académicos intentaron convencer a Viviana Obando Hurtado para que postulara su nombre como candidata a la Alcaldía, con la seguridad de que se convertiría en la primera mujer en regir los destinos de esta ciudad – puerto.

Quienes lideraban esta iniciativa sustentaban su propósito en la preparación y trayectoria de esta joven mujer y, especialmente, en su probada devoción por Buenaventura y el Pacífico, una región por la cual ha trabajado toda su vida.

No hubo forma de convencerla. Su formación espiritual va en contravía de la manera de hacer política en Buenaventura y prefiere trabajar por su gente desde otros escenarios.

No obstante, muchos de sus paisanos guardan las esperanzas de ver en el piso quinto del Centro Administrativo Municipal, donde está el despacho de la Alcaldía del puerto, a esta arquitecta, magíster en planeación urbana y regional de la Universidad Javeriana, especializada en gerencia de la Universidad Externado.

Todavía se recuerda con agrado su desempeño como Interventora de Obras y como Directora de Planeación Municipal, durante la administración de Bernardino Quiñones, entre 1990 y 1992.

Fue quizás su gran aporte al frente de esta dependencia de la administración local lo que motivó al entonces gobernador del Valle del Cauca y hoy ministro del Interior, Carlos Holguín Sardi, a llamarla para que hiciera parte de su gabinete en la Gerencia del Pacífico.

 

Servir al pueblo afro es su vocación, la misma que le inculcó desde niña Nelly Silva, la directora de su colegio.

Esa primera mitad de la década del 90 fue de mucho aprendizaje, pero también de grandes realizaciones que llevaron bienestar y desarrollo al Pacífico Colombiano, a tal punto que la Cámara Júnior de Buenaventura premió su labor declarándola Ejecutiva del Año, en 1994.

 

Hija de la felicidad

Para casi todo en su vida, Viviana Obando encuentra explicación desde la espiritualidad. Admite, sin embargo, que no se puede tener una mente sana si el cuerpo no se fortalece para albergarla, ya que se necesita equilibrio físico, mental, emocional y espiritual.

De allí su profunda satisfacción cuando descubrió el Tai – Chi, en la China, a donde viajó, en 1993, para promocionar los Primeros Juegos del Pacífico, que se celebrarían en Cali unos meses después. Se trata de una secuencia de movimientos, a través de los cuales se observa la unión de la conciencia y los movimientos corporales, lentitud, flexibilidad y firmeza, características que transmiten armonía y serenidad. Para muchos, esta es una disciplina que alarga la vida.

“Suelo ejercitarme en las mañanas, entre las 4:00 y 5:30 a.m. De otra parte, desde hace doce años asisto a los seminarios de una escuela de liderazgo, lo que me ha permitido conocerme y orientar mi vida hacia el servicio. Sólo así llega la prosperidad”, explica Viviana.

Pero no sólo allí encuentra esta arquitecta razones para el éxito. Ella lo explica, incluso, en la selección del nombre para las personas. “Yo, por ejemplo, soy hija de Felicidad, como se llama mi madre, y mi nombre significa reina de la vida”, expresa con profunda convicción.

Sus 15 primeros años de vida fueron el epílogo de una niñez pletórica de alegría, pero también la culminación de su bachillerato. Esta etapa de su existencia, vivida a plenitud en los barrios Nayita y Bellavista de Buenaventura, los recuerda como los mejores. Integrante de una familia numerosa, creció en medio de la seguridad que le brindaban sus padres, hermanos, medio hermanos, primos y amigos.

Sobre la felicidad, dice que no es un fin, sino un medio; que no es externa, sino que se lleva adentro. Que está para dar, para ponerla al servicio de los demás. Así mismo, define la miseria como una elección mental, pues se puede estar en ruina y no ser pobre, esto es un estado de ánimo.

“Todos los vecinos cuidaban de nosotros –agrega–. Había mucho control social y ocupábamos gran parte de nuestro tiempo trabajando en pro del desarrollo de nuestro colegio, el Teófilo Roberto Potes. Allí nos inculcaron el amor por Buenaventura”.

Guarda un especial recuerdo de Nelly Silva de Young, su directora, que siempre le insistió en la necesidad de dedicar tiempo para servir.

Heredó su vocación por la arquitectura de su padre, Jesús, un constructor civil que también militó como futbolista en el equipo Millonarios de Bogotá, y quien solía hacerse acompañar de ella cuando trabajaba sobre sus planos. De su padrastro, Francisco, a quien describe como ecuánime y equilibrado, aprendió la importancia de compartir. Su casa era una verdadera fiesta cuando Francisco llegaba del Chocó, acompañado de sus amigos indígenas y cargado de pescado que repartía entre sus vecinos.

 

Proyección nacional

La Viviana que en 1995 regresó a Bogotá en donde había realizado sus estudios universitarios, era muy distinta a la niña que con poco más de 15 años había llegado a la capital para estudiar en la Universidad Piloto. Su trabajo al lado de hombres curtidos de la política local y regional como Bernardino Quiñones y Carlos Holguín Sardi le habían aportado elementos para desempeñarse con solvencia en un nuevo reto laboral: le habían ofrecido el cargo de Asesora de Planeación y Desarrollo del Programa Plan Pacífico, en el Departamento Nacional de Planeación.

Allí estuvo por casi cuatro años, trabajando codo a codo con un puñado de profesionales en la difícil tarea de llevar desarrollo al Pacífico colombiano, a través de un programa con pocos recursos y al que los críticos describían como excesivamente burocratizado.

Regresaría a su tierra en 1998, como asesora de la Alcaldía de Buenaventura y Coordinadora del Plan de Ordenamiento Territorial, POT, y luego volvería a la Gobernación del Valle del Cauca, al cargo de Subsecretaria de Planeación. En 2001 trabajó como consultora para el Ordenamiento Territorial del Pacífico y entre 2002 y 2005 fue Asesora del Ministerio de Ambiente, Coordinadora Nacional de Plan Pacífico y Jefe de la Oficina de Educación y Participación.

Posteriormente, inició la fase de lo que se podría definir como un período de transición y de decisiones trascendentales en su vida personal y profesional. Como Coordinadora General del Proyecto de Fortalecimiento de la Autonomía Comunitaria en el Manejo Sostenible de los Recursos Naturales, liderado por el Instituto de Investigaciones Ambientales del Pacífico, IIAP, con recursos de la Embajada de los Países Bajos, Viviana Obando emprendió una tarea ardua, en la que comprometió a cuatro comunidades indígenas y afrocolombianas en procesos de integración, desarrollo y autonomía.

“Abordar tantos retos planteados con limitaciones de tiempo y estructurales, reflejadas en la debilidad institucional de las partes ejecutoras y en condiciones adversas de violencia, desplazamiento forzado y presencia creciente del narcotráfico, fue una utopía gratificante que nos permitió saber más de nosotros y de nuestras reales capacidades técnicas, administrativas y financieras, para hacernos cargo de responsabilidades cada vez mayores”, expresó Viviana sobre el proyecto.

Al IIAP, Viviana Obando llegó invitada por Bismark Chaverra, su director de la época, quien deseaba que la arquitecta, tal como lo hizo con el Plan de Ordenamiento Territorial de Buenaventura, hiciera algo similar para todo el Pacífico. No en vano, Viviana había sido escogida en diciembre de 2004, por el gremio periodístico local, como la persona más influyente en el desarrollo de la ciudad.

De ahí surgió una propuesta cuyo emblema y sustento era un mapa del andén Pacífico colombiano con forma de mujer, que continuó con la realización de una especie de hoja de ruta para la región, el documento Agenda Pacífico XXI, que ya cuenta con propuestas de desarrollo para los principales ciudades y poblaciones de la región, organizadas a través de agendas zonales (por ríos), en el que Viviana y Bismark trabajaron de forma mancomunada, al igual que en la búsqueda de oportunidades para las nuevas generaciones del Litoral.

 

Disciplina férrea
Desde las 4:00 a.m se despierta. A esa hora, práctica el Tai Chi. Después inica su extensa jornada laboral que va hasta altas horas de la noche.

En 2006, coordinó la formulación y ejecución del proyecto Daupará (en lengua Waunaan significa ‘El que ve más allá’). “En un año obtuvimos la primera certificación de calidad ISO 9001 para un instituto de investigación en el país, al tiempo que desarrollamos un método de aplicación del sistema aprendido para ser replicado en las organizaciones afrocolombianas e indígenas; definir con la orientación de los profesores Orlando Fals Borda, José Lozano y Carlos Rodríguez, la investigación acción – participación como la metodología del IIAP, y fortalecer dos organizaciones indígenas y seis afrocolombianas a nivel administrativo, técnico y en su gestión de proyectos”.

 

Una causa

Dejar huella en la historia a través de su trabajo por el Pacífico colombiano y convertirse en un referente positivo para los jóvenes de su región ha sido el objetivo más preciado de Viviana Obando desde que entendió la dimensión de ser afro. Para ella, no es casual la condición de marginalidad de su gente. “Bastaría una decisión política de favorecer a las comunidades para erradicar la problemática universal de la población afro”.

Pese a estas convicciones, reconoce que la problemática de sus corraciales pasa también por su condición espiritual, problema aún sin resolver. Asegura, además, que su generación tiene la responsabilidad de correr más rápido para que las nuevas generaciones puedan avanzar más.

“El propósito final, que es el avance de la población afro, nos supera”, según advierte Viviana. Por ello –agrega– se requiere un esfuerzo mayor, ir más allá de las rencillas. “Esto se logra con una educación rediseñada que no repita el esquema de la casualidad de que los pobres sean los negros, una educación deductiva, que elimine los formatos, para que los niños y jóvenes desarrollen toda su capacidad creativa”. Con esta claridad, desde hace siete años viene trabajando en paralelo con sus otras actividades en la formación de jóvenes para la productividad.

A estas consideraciones, la arquitecta considera necesario agregarles respeto institucional a las comunidades, para las que solicita más confianza por parte de quienes ejercen los cargos de decisión. “Nos brindan pocas oportunidades para acceder a cargos de decisión y aprender sobre la marcha. Muchos líderes del Gobierno se equivocan y a ellos no se les cobra tan duro como a nosotros. Sin confianza y respeto la negociación será desigual”, agrega Viviana.

Según ella, es necesario que los negros salten una brecha que no se puede superar paso a paso, en un juego que requiere una conciencia total, “pues no es justo que, por ejemplo, viajemos a Estados Unidos a hacer lobby, a conseguir recursos que luego no podemos manejar porque nos tachan de corruptos”.

Con la misma fuerza, Viviana eleva su crítica a quienes sólo piensan en satisfacciones personales y miran con desdén el sufrimiento colectivo. Asegura que la población afro debe llegar a un nivel de conciencia que le ayude a no traicionarse a sí misma.

“Es cierto –dice– que necesitamos independencia económica para que nuestras ideas sean respetadas, pero no podemos olvidar los propósitos superiores”. En ese sentido ella ha dado otro paso en su vida, al pasar de la planeación a la gerencia de empresas, en una apuesta de emprendimiento que involucra a mujeres y jóvenes del Pacífico, desde el cual continúa aportando a la construcción de una realidad distinta para los afrocolombianos.

 

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