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Personajes
“Para mí es un reto salvaguardar lo ancestral”Juana Francisca Álvarez, quien lleva a cuestas la herencia de Petronio, el portentoso compositor porteño, ha dedicado su vida a mantener la tradición cultural del recóndito Pacífico.
Todos la observan por donde ella pasa. Algunos la saludan y otros simplemente la siguen con su mirada. La originalidad de su atuendo, como parte de su decisión de mantener vivo lo ancestral, es sólo una muestra del mensaje que transmite esta afrocaleña, que desde pequeña sintió la necesidad de reivindicar los derechos civiles y de luchar por su grupo étnico. Radicada en Buenaventura desde hace seis años, se trasladó al Bello Puerto del Mar para asumir su trabajo con la Universidad del Pacífico, donde alterna la cátedra con sus responsabilidades como Coordinadora de Arte y Cultura y Directora del Grupo Formato Marimba de la Universidad del Pacífico. Casi cuatro décadas atrás, después de la muerte de su padre, el legendario Petronio Álvarez, Juana Francisca había tenido un paso fugaz por Buenaventura, pero suficiente para que en su alma quedara plantado, con raíces muy profundas, el amor a unas costumbres y una cultura que su progenitor le había inculcado. En 2001, Juana Francisca volvió para quedarse. Tenía grandes proyectos para hacer realidad a través de la Alma Máter, entre ellos, dar a conocer a la Universidad desde la cultura. “Entonces empezamos a trabajar bajo el lema ‘Conocimiento científico e identidad cultural’, y creamos un espacio para afianzar nuestra identidad en los muchachos, despertarles conciencia étnica y compromiso por la región”. Luego de tres años de labor intensa, propiciando la construcción de amor propio entre los jóvenes, su trabajó comenzó a replicarse en otros centros de educación superior, como las universidades del Valle y Antonio Nariño. Además, sus discípulos, integrantes de Formato Marimba, han logrado despertar el gusto de decenas de niños por la interpretación de los instrumentos ancestrales como el cununo, la marimba y el guasá, así como por las danzas del Litoral. “Juana tiene facilidad para transmitirnos mucha sabiduría y amor por lo que hacemos. Nos ayuda a encontrar nuestras fortalezas”, dice Agustina Yépez, integrante de Formato Marimba. Esa terquedad por mantener viva la cultura del Pacífico también es reconocida por el músico Juan Vallecilla, para quien las ideas para el progreso que tiene Juana Francisca deberían tener mejor suerte. La hija de Petronio a veces siente que su lucha por mantener viva la tradición cultural del Pacífico resulta mínima ante la dura realidad de una región que registra los más altos índices de analfabetismo y de pobreza en el país. Por ello, ha insistido ante la Presidencia de la República mayor atención para los centros de formación, que demandan programas académicos contextualizados, acordes con la vocación de la zona, la creación de nuevas plazas para docentes y la apertura de escuelas de arte para potenciar las cualidades innatas de la población. “Espero tener la satisfacción de que la brecha de desigualdad que existe en todos los campos se estreche un poco, y que la gente viva en unas condiciones más dignas. Las cosas no deben quedarse en el papel. Nosotros tenemos la mejor legislación afrocolombiana de América, pero hay que aterrizarla”, precisa la líder.
Un 8 de octubre, en el barrio Salomia de la capital del Valle, gracias a la pericia de su abuela, una experimentada matrona en el oficio de atender parturientas, nació otra mujer a la extensa prole que Petronio y Benaranda habían traído al mundo. Petronio Álvarez, un maquinista de tren, dueño de una destreza alucinante para llevar al pentagrama las inspiraciones que lo atormentaban en medio del rugido de las locomotoras, decidió que su pequeña llevara el nombre de su abuela paterna. El arte siempre fue un invitado de primera en el hogar de la familia Álvarez Arboleda. El maquinista, cantante y compositor quería que sus quince hijos tuvieran una formación integral, enriquecida por la cultura del Pacífico. Por eso cada mes organizaban ‘veladas’, retoños cantaran y recitaran, mientras Juana Francisca siempre fungía de jurado. La complejidad de sus primeros años en Cali, la ciudad más racista del país, según lo percibe Juana Francisca, forjó su identidad étnica y muy pronto supo cuál sería su papel y el sentido que quería darle a su vida. Las hermanas bizantinas del colegio San Vicente de Paúl, donde conoció sus primeras letras, plantaron en ella la semilla de la conciencia racial “porque eran tremendamente racistas. A nosotras nos daban un trato especial, sólo porque éramos las hijas de Petronio y Benaranda”, recuerda. En 1966 muere Petronio Álvarez. Hecho triste que marcó fuertemente a Juana Francisca, pero que también motivó su lucha por el Pacífico. De su padre lo recuerda todo. El tipo querendón y observador que sabía transmitir la idiosincrasia de su pueblo, a través de sus portentosas composiciones. Hoy rememora con alegría las salidas al zoológico y a los areneros en Juanchito, de la mano de su padre, el hombre que para toda su familia sólo se fue de manera física y que vive presente en sus corazones. De Petronio, Juana cree que tiene la facilidad para escribir y componer, así como la firmeza de su carácter. “Mi papá era una persona muy justa y muy rebelde. Ese espíritu cimarrón que yo tengo es un poco de él. No dejarse pisotear, sino saber conseguir las cosas y el respeto por el otro, son cosas que Petronio me transmitió”, argumenta. La tenacidad de su progenitora, próxima a cumplir un siglo de existencia, también ha sido de gran influencia para Juana, especialmente por sus lecciones de fidelidad y respeto. Las noticias que llegaban al país sobre Ángela Davis, la activista norteamericana, abanderada de la causa negra, por quien no oculta su admiración, también marcaron su manera de ver el mundo. “Siempre quise ser como ella. Una mujer que reivindicara derechos civiles, que luchara por su grupo étnico”. Mientras terminaba su bachillerato en la noche, en las mañanas estudiaba en el Instituto de Bellas Artes, donde se graduó como diseñadora. También estudió Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Libre, así como Arquitectura y Urbanismo en Brasil. Fue activista del Movimiento Nacional de Comunidades Negras y se desempeñó como Consultiva Departamental. Dedicada y comprensiva con sus tres hijos, es un ejemplo a seguir, por su lucha y constancia, según comenta Cristiani, una de sus hijas. Como era de esperarse, la música sigue presente en su hogar. Junto a Alí Garcés la familia de Juana ha conformado la agrupación Ensamble Descendientes de Petronio.
Por un Pacífico mejor “Salvaguardar lo ancestral para mí constituye un reto”, dice Juana Francisca, quien trabaja con denuedo para que la marimba sea declarada oficialmente como bien de interés cultural, aspiración que seguramente hará realidad, gracias a su empeño y transparencia, como advierte Antonio Arroyo, organizador de varias ediciones del Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez, que se realiza en Cali, en homenaje al padre de Juana Francisca. A la hija de Petronio le angustia la crisis socioeconómica de Buenaventura, a pesar de las inmensas posibilidades como el ecoturismo, su riqueza gastronómica y cultural, que podrían convertirse en industrias para llevar progreso a los porteñosPese a ello, aún sueña con una Buenaventura pujante, con gran infraestructura urbana, necesidades básicas satisfechas y un nivel de vida digno. “El esfuerzo debe ser de todos. Es saber cómo conciliar. No es pedir ni mendigar, el tiempo de las lamentaciones ya pasó”.
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